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¿Cómo podemos expresar la fe en Cristo cuando cerramos los ojos a todas las heridas infligidas por el abuso?”. Esta fue la pregunta que el cardenal arzobispo de Manila, Luis Antonio Tagle, ha lanzado a los asistentes al histórico Encuentro sobre ‘la protección de los menores en la Iglesia’, que se celebra en Roma desde hoy hasta el próximo domingo, 24 de febrero.

Una vez más, con lágrimas en los ojos, el purpurado ha advertido que “nuestra falta de respuesta ante el sufrimiento de las víctimas hasta el punto de rechazarlas y de tapar el escándalo para proteger a los autores y a las instituciones ha dañado a nuestro pueblo y ha dejado una herida profunda en nuestra relación con los fieles”.

El también presidente de Caritas Internationalis, primer ponente de los nueve relatores elegido por el Comité Organizador para abordar los casos de abusos, ha pedido a los obispos que “asuman la responsabilidad personal de llevar sanación a esta herida en el cuerpo de Cristo, y comprometerse a hacer todo lo posible para hacer que los niños y las personas vulnerables están a salvo”. Al mismo tiempo, ha pedido que se acerquen también a los abusadores para que “se haga justicia” y para “ayudarles a encarar la verdad”.

“Reconocer que no merecemos el perdón”

En palabras del cardenal, “no se puede condenar el abuso y seguir adelante. Tenemos que lograr una sanación más profunda”. En ese camino de sanación, también ha recalcado, durante su ponencia titulada ‘El olor a oveja. Sentir las dificultades y curar las heridas, el centro de la tarea del pastor’, que la Iglesia necesita reconstruir la confianza de los fieles “proporcionando un amor incondicional a las víctimas, pidiendo reiteradamente perdón y reconociendo que no merecemos ese perdón”.

Por último, el purpurado ha instado a dar “soluciones” para que “se encaren los problemas sin que se repitan los mismos mecanismos que queremos eliminar”. Porque “la Iglesia tiene que ser una comunidad de Justicia marcada por la comunión y la compasión”, ha subrayado.