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A pocos días de la primera cumbre antipederastia de presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, el profesor jesuita Hans Zollner, organizador del encuentro, ha advertido el martes que «donde dicen “aquí no hay abusos“, significa que allí no se habla. Los hay en todas las partes del mundo».

Aunque Zollner no se refirió a ningún país en concreto, España destaca entre los europeos por la negativa de muchos obispos a reconocer los casos que existen en sus diócesis, y por no haber puesto en marcha estudios para conocer la dimensión del problema como han hecho voluntariamente las conferencias episcopales de Francia, Alemania, Holanda o Bélgica, o las autoridades del Reino Unido o Irlanda, por ejemplo.

El presidente del Centro de Protección de Menores de la Universidad Gregoriana -el más avanzado del mundo- y miembro de la Pontificia Comisión de Protección de menores, ha recordado la indicación del Papa a todos los presidentes de conferencias episcopales «de que hablen con víctimas de abusos en su país. El Santo Padre tiene mucho interés en que esto suceda en su casa y no solo aquí».

El encuentro del 21 al 24 de febrero en el Vaticano incluye el testimonio de víctimas procedentes de áreas culturales muy variadas, pero eso no sustituye al encuentro personal ya que «tan solo después de una hora o cinco horas con una víctima se ven las heridas de la psique, del corazón, del cuerpo y del espíritu».

Recogiendo la experiencia que ha visto en casi medio centenar de países, Zollner ha insistido en que el obispo que escucha «se transforma. Hace falta escuchar con la mente, las orejas y el corazón. Y escuchar sobre todo la dimensión espiritual porque casi todas las víctimas eran personas muy cercanas a la Iglesia, y se les ha arrancada la fe en ella y en la gente».

El teólogo y psicólogo alemán, uno de los mayores expertos mundiales en terapia y prevención de abusos de menores, ha reconocido sin ningún reparo que en la Iglesia católica «el problema es sistémico, es decir, de la Iglesia como tal: sus estructuras, sus procedimientos, etc.».

Para resolverlo, el Papa ha puesto en marcha procedimientos sinodales que implican colectivamente a todos los obispos de un país como en el caso de Chile y de las cartas «al pueblo de Dios» de agosto del año pasado o a los obispos norteamericanos a principios de este año.

Según Zollner, Francisco «se refiere sistemáticamente a abusos “de conciencia, de poder y sexuales”, y propone un cambio radical de actitud, pues esto no se resuelve tan solo con nuevas normas que, naturalmente, son necesarias».

El ejemplo más claro es que «todos los países del mundo, a excepción de Estados Unidos firmaron la Convención de Derechos del Niño», pero ese texto no basta por sí solo para evitar los abusos.

Hace unos días, durante un encuentro en Líbano, «la directora de Unicef nos dijo que en el Medio Oriente y norte de África, el 85 por ciento de los niños sufre violencia, incluida la sexual. Eso significa unos 85 millones de niños. En algunas culturas, con estructura de clan, no se habla de sexualidad ni se denuncian los abusos, para no sufrir represalias».

Zollner ha confirmado que, a partir de los datos disponibles, la estimación de sacerdotes o religiosos abusadores en la Iglesia católica a nivel mundial se mueve en torno al 4 por ciento del total, una incidencia similar a la de pastores de otras iglesias cristianas que también han comenzado a estudiar el problema en sus propias filas, como ha hecho recientemente la Convención Bautista del Sur en Estados Unidos.

El organizador de la cumbre antipederastia ha explicado que el primer día será dedicado «a la responsabilidad del obispo: pastoral, jurídica y espiritual», y el segundo «a la rendición de cuentas, la “accountability” en inglés, un sustantivo que no existe en español o italiano, lo cual revela ya la falta de sensibilidad».

El tercer día será dedicado «a la transparencia; de los procedimientos internos, respecto a las autoridades, a la prensa y también respecto al pueblo de Dios, pues no solo tiene el derecho a saber sino que queremos que esté informado de lo que sucede».

Por ese motivo, los abusos que las victimas revelan a la prensa, sobre todo en países donde los obispos no han creado mecanismos de escucha y ayuda, no son un problema. El problema es que los directos responsables no lo aborden en público con sinceridad, lo cual provoca el desprestigio de la Iglesia.

A la pregunta de si la Iglesia cuenta con un mapa universal de la incidencia de abusos, Zollner ha respondido que el problema es que muchas conferencias episcopales y gobiernos no han estudiado el alcance del problema: «Preguntad a España. ¿Existen datos establecidos por de la Iglesia o el Estado? No».

El pasado 16 de enero, el portavoz del Vaticano, Alessandro Gisotti manifestó que la cumbre incluirá la escucha de víctimas y de profesionales expertos en los diversos aspectos del problema, así como “una liturgia penitencial y una celebración eucarística final”

Según su portavoz, «para el Santo Padre, es fundamental que al regreso a sus países y sus diócesis, los obispos sean conscientes de las reglas que deben aplicar y den los pasos necesarios para prevenir los abusos, proteger a las víctimas y no permitir que ningún caso sea encubierto ni obstruido».

El Papa participará en todas las reuniones y actividades. Las sesiones plenarias, serán moderadas por el antiguo portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, que domina media docena de idiomas.