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«Durante años miramos hacia otro lado», reconoció ayer el cardenal de Múnich, Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal alemana, al presentar la auditoría interna elaborada por un grupo de investigadores independientes y encargada por los obispos alemanes para conocer en su totalidad la dimensión de los abusos a menores bajo el techo de la Iglesia Católica en este país. «Me avergüenzo. Durante demasiado tiempo, se han negado abusos, se han encubierto. Por este fracaso y por todo el dolor causado, pido perdón», imploró.

«Debe decirse bien claro: el abuso sexual es un delito. Los culpables deben ser castigados. Esto no puede quedar sin consecuencias, los afectados tienen derecho a que se diga la verdad y se haga justicia», dijo en la primera jornada de la Asamblea de otoño que los obispos alemanes celebran en Fulda y en la que, por primera vez, deliberarán sobre los resultados de este informe, que documentan 3.677 casos de abusos sexuales cometidos por 1.670 religiosos desde 1946 hasta 2014, en su mayoría a menores de 13 años.

Para facilitar la investigación, que han llevado a cabo expertos de las Universidades de Mannheim, Heidelberg y Giessen bajo la dirección del doctor Harald Dressing, las diócesis alemanas han abierto sus archivos y ha permitido el acceso incluso a documentos y cartas privadas, pero Marx considera que no es suficiente con el ejercicio de transparencia y con pedir perdón. «Este estudio nos muestra que este tema no es un tema superado. Soy sincero conmigo mismo. En 2010 pensamos que en algunos años podríamos superar esto, encontrar soluciones, pero nos estamos dando cuenta de que hay mucho que hacer todavía. Nos comprometimos a tomar medidas y fijar a las víctimas como prioridad para evitar otras víctimas. Me pregunto, ¿es suficiente lo que hacemos? No, no es suficiente. Tenemos que escuchar a las víctimas, entenderlas y después asumir las consecuencias», sentenció, antes de abordar una reunión de varios días en la que los obispos alemanes reelaborarán la estrategia sobre el asunto.

En esta Asamblea de otoño y tras la presentación del informe que ya había sido filtrado parcialmente a los medios, la Conferencia Episcopal alemana reflexiona ahora en su retiro sobre las estructuras que permitieron que los abusos se perpetuasen y encubriesen durante décadas, con el fin de modificarlas, y sobre cómo hacer justicia con las víctimas, no solamente a través de indemnizaciones sino también propiciando que sean convenientemente reconocidas y escuchadas. «Hemos prestado poca, cuando no ninguna, atención a las víctimas, las hemos descuidado”, entonó Marx el mea culpa durante la rueda de prensa, “muchas personas ya no confían en nosotros y lo entiendo».

Los detractores de la Iglesia critican que no todas las diócesis hayan colaborado con la misma entrega, de manera que saldrán mejor paradas en la estadística. También se han deslizado sospechas de quema de documentos antes de la llegada de los auditores a algunos de los archivos, pero lo cierto es que el esfuerzo de la institución por aclarar los casos de abuso no tiene precedente en Alemania, donde también reconocidas instituciones de la enseñanza, como el colegio de élite de izquierdas Odenwald, al sur de Francia, o la infraestructura de acogida de refugiados, donde también han sido denunciados numerosos casos de abusos.

«Lo documentado aquí es la punta del iceberg», afirmó por su parte Harald Dressign, profesor del Instituto Central para la Salud Espiritual de la Universidad de Mannheim, una de las tres implicadas en la investigación y que aconseja la realización de este tipo de informes en otras áreas. No se trata de casos o delitos «históricos», cometidos en el pasado, sino que persisten en la actualidad, insistió el catedrático.