La inspiración del autor nace a partir de la salida a la luz de los primeros casos de pederastia en la iglesia católica, al ser un tema que ha sacudido a la sociedad y a las autoridades eclesiásticas

El Heraldo de Chihuahua

 

“Los comportamientos abusivos por parte de los clérigos tienen un lugar al desconcierto público, que en el fondo tienen que ver con una equivocada elección vocacional. El escándalo ha tomado mayor fuerza por los inapropiados procedimientos de solución que ha tenido la iglesia: una ambigüedad pasiva, tanto para reconocerlo públicamente, como para enfrentarlo eficazmente atendiendo a las víctimas.”, expone el sacerdote de la arquidiócesis de Chihuahua, Daniel Portillo Trevizo, en su libro “Psico-teología del discernimiento vocacional[i]”, publicado el año pasado por la editorial Buena Prensa y la Universidad Pontificia de México.

En el escrito se expone un nuevo enfoque en el discernimiento vocacional, proponiendo un enriquecimiento de los procesos de selección de los candidatos al sacerdocio, de la mano con las ciencias de la conducta, con el fin de identificar a tiempo a las personas que cuenten con este tipo de trastornos, incluso aun cuando no se haya desarrollado una conducta de abuso sexual.

Para concluir con el libro, Portillo hace una fuerte crítica a los sistemas de elección que actualmente se presentan en el sacerdocio. “Nunca como hasta hace cuatro décadas se había tenido un detallado registro acerca del abusivo comportamiento sexual sostenido por algunos miembros del clero, lo que llama a una retroalimentación propia de la Iglesia y una reestructura de los modelos.”

La inspiración del autor nace a partir de la salida a la luz de los primeros casos de pederastia en la iglesia católica, al ser un tema que ha sacudido a la sociedad y a las autoridades eclesiásticas, Portillo, busca que a través de su investigación las víctimas y los responsables puedan enfrentar a la justicia, con el fin de que la sociedad pueda recuperar nuevamente la confianza de que dichos crímenes no volverán a ocurrir.

Portillo, quien actualmente se desempeña como el director del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), expone que el epicentro de los abusos resultó ser el escándalo suscitado en Lafayette, Louisiana en Estados Unidos, donde once personas afirmaron hacer sido abusados sexualmente por el padre Gilbert Gauthe cuando eran niños; el caso salió a la luz pública alrededor de los años ochenta, cuando el National Catholic Reporter dio a conocer que la diócesis debía indemnizar a las víctimas con más de diez millones de dólares.

Después del suceso, un golpe más para el continente Americano se dio en Boston, en donde según el autor, se dio a conocer a nivel global como “el problema americano.”

En el libro no se plantea un listado de los casos más relevantes de abuso sexual por parte de sacerdotes, más bien se muestra una síntesis del lugar de los hechos, mostrando que la geografía del escándalo está relacionada con la psicología del discernimiento vocacional.

Uno de los casos tratados en el libro con mayor relevancia es sin duda el del padre Maciel de los Legionarios de Cristo, que además de ser considerado grave por el número de víctimas y por los planes siniestros del sacerdote, salta a relucir por la agraviante negación por admitir su culpabilidad.

Portillo expone que si bien en México no se afirma que los casos de abusos eclesiásticos sean considerados una pandemia, hay que advertir que la iglesia católica ha sufrido una crisis y quizá sea la más fuerte en toda la historia gracias a los escándalos clérigos y religiosos en relación al abuso sexual de menores.

“Es justo que la iglesia sepa mirar de frente, con valentía y atención para admitir sus propias responsabilidades morales, jurídicas y pastorales en los actos cometidos, así como las graves omisiones e incumplimientos, que, al parecer, se han repetido de forma constante como una especie de modus operandi frente a lo que ha pasado.”, explica el sacerdote.

El síndrome del clericalismo

Portillo trata un tema de suma importancia y lógica: la observación de ciertos factores, pueden determinar tempranamente una cierta conducta patológica. Se expone que la prepotencia puede ser un rasgo propio de quienes en la Iglesia detectan alguna función relacionada con el uso excesivo de poder y una correlativa reacción de sumisión, determinado como que el “clericalismo”, es un fenómeno patológico.

Además se especifica que también existe abuso o traición de confianza, lo que Portillo define como “síntomas primarios”, pero en conjunto se podría definir como un síndrome.

La confianza es relacionada con el silencio de las víctimas, ya que al mostrarse con una actitud de superioridad, las víctimas proporcionan una seguridad emotiva para poder realizar su transgresión. Los fuertes sentimientos de seguridad y reverencia religiosa por parte de las víctimas imposibilitan frecuentemente el reconocimiento de los abusos. Las víctimas, según lo expone Portillo, son condicionadas por su adoctrinamiento religioso y miran a los sacerdotes como responsables de los abusos con una mezcla de miedo y reverencia, entendida como “temor reverencial.”

Como se expone a manera de síntesis, la actitud mental de la eclesiopatía clericalista, destruye, quebranta y envenena, en modo profundo, la relación entre los miembros de la Iglesia. Este síndrome no es la causa de todos los problemas de la Iglesia pero detona muchos que constituyen el factor determinante en el abuso sexual.

“La existencia de una cultura clerical es la fuente eclesial del problema de la pedofilia”, se expone la frase para explicar que los procesos de la formación sacerdotal de han infiltrado y es necesaria una regulación de los mismos.

Así mismo el autor expone que los sacerdotes recién egresados de los seminarios, salen con una tendencia egocentrista donde no son capaces de mirar las necesidades del pueblo de Dios, sino una acción concentrada en presupuestos económicos. Consciente con este peligro el Papa Francisco señala:

Mirar al pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una élite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo Fiel de Dios. Olvidarnos de estos acarrea varios riesgos y deformaciones tanto en nuestra propia vivencia personal como comunitaria.

Se concluye que el fenómeno eclesiopático de clericalismo es el síntoma principal de una iglesia que se comprende a sí misma como autorizada para el abuso dentro de su institución. Este clericalismo supone una dinámica que supuestamente privilegia a la casta sacerdotal y promueve el silencio de las víctimas.

El abuso de poder

Una vez que el autor define al clericalismo como “síndrome”, define el ambiente de jerarquía que se maneja dentro de la Iglesia, donde se corrompe y se puede llegar a ser partícipe del asesinato de la inocencia de las víctimas.

La experiencia de poder, según Portillo, permite al perverso autoafirmar su masculinidad, asó como generar vivencias de humillación y castigo, por tanto se expone que la pedofilia es casi imposible de detentar en alguna persona, ya que el abuso sexual no es solo un problema genital sino un fenómeno de poder.

El perfil de los abusadores dentro de la iglesia, según el autor, se presenta como jóvenes de personalidades débiles, con poco amor a la Iglesia y a los más vulnerables de ella. Se sienten con derecho a todo, capaces de lograr cualquier meta mezquina que se proyecte frágil y constantemente buscando agrandar su autoridad.

“Se trata de candidatos que piensan que revestidos del orden sacerdotal podrán compensar su equilibrio emocional. “

Aunado a esto surge la pregunta de ¿qué ocurre con la Iglesia a la que muchas personas le han reiterado su confianza?, Portillo responde que la traición de la confianza de las víctimas es una grave lesión para todos los representantes de la iglesia, a quienes les corresponde configurar su autoridad sobre una base ética.

El experto canonista Astigueta sostiene que: “El contacto sexual con niños es considerado siempre una violación y castigado como tal. Tanto más cuando el agresor es la persona a la cual se le confía la tarea de educarlo o ayudarlo; lo cual vuelve el acto más brutal, porque se basa en el engaño de las expectativas y la traición de la confianza.”

Portillo concluye un importante capítulo de su libro con lo siguiente:

“Los escándalos suscitados como consecuencia de los delitos sexuales de menores por parte de los clérigos, reconocen que el abuso sexual dentro de la Iglesia es una realidad que no se puede negar.”

Además el sacerdote chihuahuense expone una clara sintomatología claramente narcisista en los pedófilos, lo que requiere necesariamente localizarme en el aparato psicológico para prevenir la alteración de dicho fenómeno.

Para concluir con el libro, Portillo hace una fuerte crítica a los sistemas de elección que actualmente se presentan en el sacerdocio. “Nunca como hasta hace cuatro décadas se había tenido un detallado registro acerca del abusivo comportamiento sexual sostenido por algunos miembros del clero, lo que llama a una retroalimentación propia de la Iglesia y una reestructura de los modelos.”

Ampliamente documentado y argumentado, este texto es esencial para aquellos que tienen en sus manos el proceso de selección de candidatos al sacerdocio y para todo aquel que busque entender mejor el trastorno de la pederastia y los mecanismos de prevención en ambientes eclesiales.