Cualquiera que haya prestado atención a las noticias recientemente es consciente del escándalo que se ha generado en la Iglesia Católica, conforme pasaban las semanas, algo más se divulgaba y los católicos de todo el mundo estaban cada vez más tristes, asqueados y pasmados. Creo que todos nos quedamos sin palabras y enfurecidos por los números y todo lo detallado acerca de los abusos sexuales que le sucedieron a tantas personas. Cualquier noticia de abuso sexual es una noticia terrible, pero el abuso sexual proveniente de la institución que se supone cuida a las personas, hace un daño más profundo. Es lógico, después de todo, la Iglesia Católica siempre ha sido una brújula moral para el mundo y cuando algo como esto sale a la luz … bueno, no es de extrañar que surgiera un gran escándalo.

Han habido muchas reacciones a esta noticia, ya que muchos sentimientos diferentes surgen de la lectura al respecto. Ira, disgusto, tristeza, conmoción, dolor. Algunas personas tomaron esto como la razón final para dejar la Iglesia para siempre, otros se burlaron y afirmaron no haberse sorprendido en absoluto, y otros lloraron y se arrodillaron para orar.

El día siguiente de que se publicó el informe de Pensilvania, alguien me preguntó cómo podía creer en una Iglesia llena de corrupción y sacerdotes que abusan de niños pequeños. Me sorprendió la pregunta tan abrupta, y como no tuve tiempo para procesarla, respiré profundamente y respondí: Sí, creo en la Iglesia. Esa es mi Iglesia, está herida, sucia y tiene muchas partes que son horribles. Pero mi Iglesia también tiene otras partes, católicos que están tristes y rezando después de enterarse de tantos abusos, tiene increíbles sacerdotes que hacen tanto bien. Mi Iglesia está herida por dentro, pero no todo es malo, porque hay millones que intentan mejorarla día a día. Mi Iglesia no es perfecta y nunca ha pretendido serlo.

Los humanos somos imperfectos y tenemos fallas, creo que a veces olvidamos que los sacerdotes también son humanos, no se convierten en seres divinos, son hombres que intentan hacer lo que Dios les ordenó. Esperamos mucho de ellos por lo que simbolizan, no creo que eso esté mal. Pero te pregunto… ¿Estamos exigiendo de ellos las mismas cosas que nos estamos exigiendo a nosotros mismos? Es fácil señalar con el dedo y culpar, y por supuesto todos los sacerdotes que abusaron de otros tienen la culpa, no hay discusión en absoluto, pero ¿y tú como católico laico? ¿Qué estás haciendo para ayudar o proteger a esas víctimas?

Publicarlo en Facebook no es hacer algo, tampoco es útil criticar a la Iglesia, y aunque parezca razonable, dejar la Iglesia no es la decisión correcta. Quédate y lucha. ¡Haz algo! A los católicos nos han dicho una y otra vez que ¡nos levantemos y comencemos a actuar! Canaliza esa ira que sientes en una carta a tu iglesia local o al propio Papa. Levántate por lo que crees, si te hizo sentir tristeza o enojo, es porque sabes lo que debería ser y lo lejos que estamos de esa Iglesia que Jesús quiso. Si tienes preguntas, busca respuestas en libros, publicaciones o con un experto. Habla con Dios, reza, ve a misa, reza un rosario todos los días por todas esas víctimas.

Si pensar en ello solo te hace perder la paz, entonces solo concéntrate en las víctimas. Ora por ellos, haz todo lo que hagas pensando en ellos. Tal vez no puedas hacer nada directamente, pero algo es mucho mejor que nada. La pasividad ha existido por mucho tiempo, y ha lastimado y destrozado tantas vidas inocentes, no luches por la Iglesia, lucha por estas víctimas, para que puedan recuperarse después de tantos años en silencio.

No seas una de las miles de personas que leen sobre esto, critican y se olvidan de ello. Se diferente, cree que puedes hacer algo para ayudar y prevenir.

Cecilia Torres

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