Diálogo y generar confianza en los niños, claves para prevenir y detectar abusos sexuales

“Si le hubiera pasado a mi hija, estoy segura de que me lo habría contado”. Ese es uno de los comentarios que podían escucharse a muchos padres y madres después de que, hace poco más de dos semanas, saliera a la luz el caso de los supuestos abusos sexuales a varias menores en el colegio madrileño de Valdeluz por parte de un profesor. Al menos tres de ellas han admitido ante el juez que no comunicaron los hechos a ningún adulto, ni de su familia, ni del centro escolar.

Cuando algo así sucede, lejos de criminalizar al menor, habría que preguntarse cuál es el porqué. Los abusos sexuales a menores “son una realidad tan extendida como silenciada”, explica Margarita García Marqués, psicóloga especializada en la materia y presidenta de la Asociación para la Sanación y Prevención del Abuso Sexual Infantil (Aspasi). Una de cada 4 niñas y uno de cada 7 niños lo sufre antes de cumplir los 17 años, según esta asociación, datos que vienen avalados por un informe del Consejo de Europa y por el único estudio realizado en España a nivel nacional, realizado en 1994 por orden del entonces ministerio de Asuntos Sociales. Sucede en todos los niveles sociales y en el 85% de los casos lo cometen familiares y allegados, gente de confianza. Esto último es la principal razón por la que, además, estos abusos se silencian en un 86% de los casos.

Ante este panorama, muchos padres se preguntan qué hacer para prevenirlo, cómo detectarlo y, en caso de que suceda, cómo actuar. Aquí hay algunas pautas:

-No bajar la guardia. “La negación del problema y la creencia de que es algo que le puede suceder a otros niños, pero nunca a los nuestros, conduce a bajar la guardia y descuidar uno de los pilares de la lucha contra el abuso sexual: la prevención familiar”, explica García Marqués. “No hay que pensar que tu hijo puede estar exento; si no piensas que pueda existir, nunca serás capaz de verlo”, añade Pilar Polo, responsable de sensibilización de la Fundación Vicki Bernadet, especializada en el asesoramiento y la prevención de este tipo de abusos.

-Mantener una buena comunicación y buscar momentos de diálogo. Ambas expertas coinciden en que la forma más eficaz de prevenir el maltrato sexual a los niños es mantener una buena comunicación con ellos. “Mucha gente cree que tiene una buena comunicación con sus hijos”, pero no es así, afirma la presidenta de Aspasi. “Recomendamos que al menos una vez a la semana tengan un espacio en privado para hablar con cada uno de sus hijos, de lo que les preocupa, de lo que es importante para ellos. Hay que invitar a los niños a hablar y a confiar en los padres”. Pilar Polo añade: “Es bueno propiciar un momento de papá o un momento de mamá; ya sea en un paseo, en el coche… Hay que buscar espacios para ello”.

-Empezar en torno a los tres años. ¿Cuando empezar? Tanto García Marqués como Polo lo tienen claro: en torno a los tres años, cuando tengan adquirido el lenguaje y control de los esfínteres. Esto último es muy importante porque, como explica Margarita, es difícil decirle a un niño que cualquiera no puede tocarle en sus partes íntimas si luego hay que quitarle el pañal y limpiarlo. “Hay que usar un lenguaje adecuado a su edad, explicarles que hay partes públicas de su cuerpo, como los brazos, y partes íntimas. “Su cuerpo es suyo, les pertenece. Los padres tienen que dar herramientas a sus hijos para reconocer los abusos y saber decir no a tiempo. Es importante que aprendan a reconocer lo que les gusta y lo que les molesta. Por ejemplo, te pones a peinarle y le das un tirón, y le instas a que si le duele o no le gusta, que lo diga”.

-Enseñarles a expresar lo que les gusta y lo que no. “Lo más fácil es empezar porevitar la manía de que los niños den un beso a todo el mundo”, explica Pilar Polo. “El primer no y el más importante es el no de piel. Hay que enseñarles a decirlo y nosotros tenemos que aprender a aceptarlo. Tener educación es saludar, despedirte, dar las gracias y pedir las cosas por favor, pero no pasa por el contacto físico”. Otro aspecto esencial para Polo en este sentido es “aceptar el pudor o no pudor del niño”. “A veces les obligamos a hacer pipí en un árbol, o a quitarse el bañador en la playa, o le cambiamos la ropa delante de terceros, y hay niños a los que les da vergüenza. Si tú no les enseñas que su no es importante, nunca podrá decirlo. No basta enseñárselo con palabras, sino con hechos. Los niños no pueden ni saben pedir respeto, hay que proporcionárselo”.

-Trabajar con toda la familia. Polo aclara que es clave trabajar con los abuelos, tíos y demás miembros de la familia que tengan contacto con los niños. Muchas veces no entienden que estos no quieran darles un beso y que a los padres les parezca bien. “Está bien que los niños digan que no, pero son sus padres quienes tienen que protegerlos y ponerles voz a veces, aunque te cueste una discusión con el pariente”. Además, “cuanto más gente haya pendiente, menos vulnerables serán”.

-Evitar los secretos. En la lucha contra el abuso sexual infantil es clave que los niños entiendan que todo lo que les pase, absolutamente todo, lo pueden contar y nadie les puede obligar a guardar silencio. “Los abusadores son grandes manipuladores, y recurrir al secreto es su gran baza”, explica Pilar. Suele ser gente allegada, en quien el niño confía y a quien incluso quiere, por lo que suele recurrir a aquello de “te quiero mucho, eres muy especial para mí, no me traiciones, es nuestro secreto, si lo dices me harán daño…”. Tanto ella como Margarita coinciden en que los niños tienen que saber que dentro de la familia no hay secretos, e instan a distinguir entre cuando callamos algo para dar una sorpresa a papá o mamá, y el resto. Hay que evitar situaciones del tipo “hemos roto esto, calla no se lo digamos a mamá”.  “Sea lo que sea, se puede contar”, agrega Margarita.

-Utilizar un lenguaje adecuado a su nivel. Si se trabaja bien desde la base, desde los años en que empieza a haber lenguaje, luego será más fácil abordar la sexualidad cuando tengan 7 o 8 años”, explica Pilar. “A partir de esa edad ya se puede empezar a hablar de ciertas cosas, pero siempre a su nivel. No se trata de hacer un tratado fisiológico, cada familia tendrá que encontrar su propio vocabulario, pero se les puede decir que hay personas que hacen cosas que inapropiadas y que nadie puede acceder a su cuerpo ni obligarles a hacer lo que no quieren”. Margarita recomienda no hablarles de gente mala, “sino enferma”. La razón es que, como decíamos, muchos de los abusadores son gente querida por el niño y tacharlos de malvados puede crearles resistencia a hablar.

-Observar mucho y estar pendiente de cambios de conducta. Los abusos sexuales a menores no son fáciles de detectar. El 40% de los niños son asintomáticos, sobre todo sin son muy pequeños, según Aspasi, y esto es porque suele tratarse de tocamientos que no dejan rastro y los niños lo integran en su vida cotidiana. Los síntomas pueden variar en función del niño, pero los más habituales suelen ser tristeza, cambios repentinos de conducta, agresividad, aislamiento, comportamientos excesivamente sexualizados, vocabulario inadecuado para su edad, pesadillas, terrores nocturnos, fobias, ansiedad…

-No ignorarlos ni poner el grito en el cielo. “Muchas veces los niños no cuentan cosas porque temen que los padres se sientan mal, por ello hay que mostrarles en todo momento que podemos con cualquir cosa que nos cuenten”, cuenta Margarita. “Por mucha alarma que nos cree, hay que mostrarse neutral, sin ignorarlos pero sin poner el grito en el cielo. Los niños mandan globos sonda, van dando pequeños indicios, pero si les hacemos ver que nos desborda la situación o les ignoramos, dejarán de contarnos”.

-Escuchar y hacer preguntas abiertas. “Hay que hablar sin imponer, es importante escuchar y no condicionarles ni poner en boca del niño palabras que no ha dicho haciendo preguntas directas. Lo mejor son las preguntas abiertas, algo como últimamente te veo triste, ¿estás preocupado por algo?, ¿quieres que hablemos de ello?”, añade la presidenta de Aspasi. “Hay que observar y abrir mucho los ojos”.

-No minimizar el problema y darles confianza. “Hay que pensar que, cuando un niño hace algo, casi siempre hay una razón detrás. Si ves algo que no te cuadra, pregunta, y cuando te cuente, actúa, porque no hay nada más frustrante que expresarte y que no te hagan caso. Hay que explicarles que vas a solucionar su problema, sea el que sea, que vean que das la cara por ellos. Si ven eso confiarán en ti. No hay que minimizar lo que nos cuenten”, indica Pilar. Ambas expertas alertan, no obstante, de que no todo cambio de conducta implica un abuso. “Simplemente es un indicativo de que algo pasa y hay que averiguar qué es. Si nos vemos desbordados, pues vamos a un especialista que nos ayude. A veces es que han visto algo inadecuado en la tele o en Internet, no siempre es que alguien les haya hecho algo”, explica Margarita. O puede ser que le suceda cualquier otra cosa, como una situación de acoso escolar, o que se haya peleado con sus amigos, o que no esté a gusto con su nuevo equipo de natación, aclara Pilar.

-Si se detecta, actuar cuanto antes para reducir las secuelas. En cualquier caso, si se sospecha que ha habido abusos y el niño lo confirma, hay que trabajar cuanto antes para reducir las secuelas. “Cuanto antes se detecte y comience a curar un abuso mucho mejor, porque así las secuelas para el niño podrán reducirse al mínimo. Si no, las secuelas del abuso pueden ser como un cáncer que va comiendo por dentro al niño”, afirma Margarita.

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